El diario de barrenetxiki

El diario de barrenetxiki es una recopilación de historias cortas que relatan los mejores momentos de la cronología de avistamientos de urdaihide, y otras que aldeanos de la comarca han tenido a bien compartir conmigo para este diario. Divertidas historias reales basadas en la observación casual y en esperas y recechos, que nos recuerdan la importancia de preservar la biodiversidad, trasladando al plano real la magia que todos intuímos pero no solemos  palpar. Un botón de muestra de la vida salvaje en nuestro querido urdaibai.
 
 
                                                             El diario de barrenetxiki. En algun lugar de urdaibai...
 
 
"El jabalí valiente"
 
Los jabalís al igual que los tejones tienen una vista bastante mala, en sus maniobras nocturnas les es mas útil su fino oído y su extraordinario olfato. Ambas cosas,  ruido y olor,  se propagan por el aire asi que si tenemos el aire a nuestro favor y permanecemos inmóviles,  no es dificil verlos sin que nos descubran.
Una tarde de verano al borde del crepúsculo estábamos en torno a una mesa cuando un jabalí joven  de no mas de seis meses  apareció por la parte baja de la campa y comenzó a subir hacia nosotros despacio pero decidido.  Estaba ya a menos de cincuenta metros cuando nos subimos a la mesa y permanecimos inmóviles y sin hacer el menor ruido. El jabalí siguió avanzando hasta que llegó a nosotros. Al no percatarse de nuestra presencia empezó a remover la tierra  en una zona cultivada justo delante nuestro, y tras un largo minuto sin descubrirnos  dió una vuelta alrededor de la mesa y nos olió..., dió unos bufidos de advertencia  como si  controlara la situación y enfadado y contrariado pues alguien o algo habia puesto en entredicho sus dotes para la cautela...,  se marchó.
 
 
 
"Mamá tejón y los peques"
 
Una noche de verano cerca del solsticio salí a recechar por los alrededores . Eran las cuatro de la mañana y apenas quedaban dos horas para el amanecer. Al volver por el camino asfaltado de acceso al terreno me detuve en una campa donde acababan de hacer el primer corte de la temporada. Estaba deleitándome con el olor de la hierba recién cortada y la belleza del crepúsculo matutino cuando vi dos sombras en la mitad de la campa que venian hacia mí. Eran dos tejones jóvenes que rastreában la campa sin levantar la cabeza urgando con el hocico en la tierra en busca de lombrices, caracoles, y demás microfauna que había quedado expuesta tras el corte. Escondido tras un árbol al borde de la campa, llevaba observándolos mas de cinco minutos durante los cuales se habían acercado hasta menos de diez metros de mi posición, cuando comenzé a oír un clack clack clack..! parecido al que hacen los cascos de los caballos al andar por el asfalto y dirigí la vista hacia el camino buscando el origen del ruido. Pude entonces ver como un tejón grande que resultaria ser la madre, bajaba al trote ligero por la mitad del camino al encuentro con sus cachorros. Bajó por el camino haciendo ese peculiar ruido con sus pezuñas contra el asfalto hasta situarse bien cerca de mí sin descubrirme ya que el viento de cara jugaba a mi favor. Miró a sus cachorros como comprobando que todo estaba en orden, y no creyendo necesario acercarse mas hasta ellos comenzó allí mismo a rastrear la campa confiáda. Llevaba mas de dos minutos viéndolos sin ser descubierto cuando mamá tejón se fue acercando más y más al árbol aunque sin sospechar nada hasta que finalmente se situó justo al otro lado. Comenzó a bordearlo lentamente olisqueando y cuando estaba ya casi a punto de verme, cogió mi olor..., se revolvió dando un gruñido,  y salió a toda velocidad atravesando la campa y llevandose a sus crías tras ella...    
 
 
 
 
 "Los zorros y los higos"

Los zorros son omnívoros y oportunistas, su dieta incluye animales vivos y muertos, huevos, insectos, raíces, hortalizas, frutas... Una tarde de mediados de septiembre los higos ya maduros comenzaban a caer al suelo haciendo ruido y desprendiendo su aroma por toda la campiña. De pronto dos zorros cruzaron la linea del bosque y comenzaron a subir un terraplén que llevaba directo a las higueras. Allí dieron buena cuenta de los higos que encontraron en el suelo pero pronto se acabaron así que uno de ellos de un brinco subió a una rama baja de la higuera, se puso de pie con las patas delanteras apoyadas en otra rama mas alta y arrancó con la boca unos cuantos frutos que habian quedado a su alcanze. El otro, atento a la maniobra no tardó mucho en seguir sus pasos y subió a la misma rama compitiendo por el espacio y por los frutos. Una tarde de septiembre con su mágica luz y la suave brisa del viento sur meciendo la vegetación de la campiña, dos zorros devoraban los frutos de una higuera subidos en sus ramas como ardillas...!
 
 
 
 "Los corzos del río"
 

Los corzos son los cérvidos mas pequeños de Euroasia pero son ágiles y fuertes pudiendo dar saltos increíbles para sortear obstáculos en el bosque o ser tan agresivos en la época de celo como para dar muerte a un rival. Un frío y lluvioso día de enero recién amanecido, bajé por la campiña hasta el linde del bosque y cogí el camino que lo atraviesa hasta el río con la intención de ver alguna ardilla o algún pajaro carpintero. Con el cielo encapotado y sin parar de llover el día era tan oscuro que parecía un crepúsculo continuo. La sensación de oscuridad se acentuaba aún más a medida que me adentraba en el bosque  cuando una especie de ladridos hicieron que frenara en seco y me detuviera para escuchar, entonces oí dos ladridos más, parecian perros pequeños pero sonaba un poco raro así que seguí bajando sin hacer ruido para desvelar el misterio. Al llegar a la posición desde la que podía ver el río los volví a oír pero el ruido del agua que bajaba con mucha fuerza  no me dejó escucharlo con claridad,  entonces di un paso más y..., vi dos corzos ramoneando en mi parte de la orilla. Pensé que si me descubrían tendrían que buscar un punto estrecho en el río para cruzarlo pues esa era su única vía de escape así que los vería un buen rato en su huída pero... di un paso más y tropezé con una rama, el ruido alertó a los corzos, me miraron fijamente, se dieron la vuelta y sin coger carrerilla de un brinco de mas de tres metros cruzaron al otro lado y desaparecieron en la espesura del bosque...
 
 
 
"El enjambre"
 

Es primavera, apenas quedan dos semanas para el solsticio. Los terrenos rurales muestran una gran actividad, a los trabajos de mantenimiento, limpieza y desbrozes, se suman los de producción, preparación de los terrenos para el cultivo, siembras, plantaciones... La naturaleza esta en su época más fértil, el crecimiento de la vegetación en su punto más alto y la actividad de la microfauna no se queda a la zaga... Ataviado con mi faja y con mi azada me afanaba en limpiar de malas hierbas la huerta. La temperatura de 25º era alta para trabajar, pero lejos de los 35º o más que puede haber en agosto. Al hacer un descanso apoyado en la azada y sin levantar la vista del suelo oí un zumbido lejano pero in crescendo que venía de la parte baja de la campiña. Levanté la vista y pude ver como un enjambre de abejas espectacular avanzaba hacia mí. Era como una nube baja de tres o cuatro metros de alta por diez o doce metros de ancha y cuya base se situába a menos de dos metros de altura así que me pasaría por encima. Mi primera reacción fue quedarme paralizado por lo insólito de la escena, su belleza y el zumbido cada vez más ensordecedor. Cuando ya las tenía casi encima tiré la azada, me di la vuelta y sali corriendo cuanto pude con aquella cosa pisandome los talones. Alcanzé la casa y desde dentro vi como terminaban de pasar. Un enorme enjambre de abejas acababa de recorrer todo el terreno de sur a norte tras los pasos de su vieja reina en busca de un nuevo hogar...
 
 
 
 

"El ladrón de maíz"
 
De sobra conocida es la predilección de los jabalís por el maíz, sin embargo no son lo únicos que sucumben a sus encantos. Sentado en el etxarte, Pedro Uriarte mas conocido como pedro "goizko", vecino de un caserío de Abaroa y aldeano en activo a sus casi 90 años, contaba historias sobre destrozos y saqueos perpetrados por jabalís, zorros, tejones y demás alimañas... Una tarde de finales de septiembre salió a comprobar el estado del maíz que recolectaría pocos días más tarde. Se dió cuenta de que a algunas plantas les faltaban las mazorcas enteras pero no vió huellas ni rastros de jabalís. Esa misma noche aún contrariado por el misterio, cenó junto a la puerta de la cocina desde donde podía ver parte de la plantación. Antes de llegar al postre oyó un ruido seco y quebrado que venía del maizal. El ladrón estaba allí. Avanzando sigilosamente por el porche del caserío se preguntaba que ladrón de guante blanco podía llevarse las mazorcas sin dejar rastro. Llegó a pensar que podía ser una persona pero entonces.., del maizal asomó un zorro con una mazorca en la boca. El zorro se quedó quieto un rato mirándole fijamente, sin soltar la mazorca avanzó unos metros dando saltos entre la hierba alta y siguió campa abajo hasta desaparecer en la espesura pasando por delante suyo rápido pero descarado, sin miedo, como si supiera que no podía darle alcanze y llevando consigo el botín...!  

 
"La astucia del cárabo"
 
 
 Los cárabos tienen una vista y un oído excepcionales que utilizan para acechar a sus presas en la noche y que hacen que sea dificil sorprenderlos pero como todos los animales astutos también son vulnerables. Una calurosa noche de verano a mediados del mes de agosto un cárabo apareció de repente y se posó en un poste a unos diez metros de mi dándome la espalda.Durante más de cinco minutos permanecí inmóvil y sin hacer el menor ruido observando como oteaba al acecho de alguna presa sorpendido de que no me descubriera. Finalmente no pude aguantar más quieto e hice ruido al moverme en la silla. El cárabo giró la cabeza en busca del origen del ruido pero yo hice la estatua y pude darme cuenta de que aunque me miraba aún no había identificado el peligro. A continuación volvió a darme la espalda un segundo y rápidamente se volvió a girar sobre mí sorprendiendome en movimiento como los niños cuando juegan al un dos tres calabim bom bam! ,  dió un salto desde el poste y planeando se perdiò en el bosque.... 
 
 
 
Los lagartos verdes de goikoetxetxu.
 
 
 Los lagartos verdes ( lacerta viridis ) son los saurios mas grandes y coloridos que hay en urdaibai y los mas dificiles de ver.  Son termófilos, su temperatura preferida son 33º pero aguantan hasta 15º sin problemas. En invierno se meten bajo el suelo o en madrigueras u oquedades del terreno para hibernar.
Contaba el gran Gabino del caserio goikoetxetxu, marino jubilado de profesión, excelente agricultor de condición y criador de pájaros autorizado de vocación , como al trabajar dentro del invernadero veía lagartos verdes desde hacía ya unos años. Al parecer aprovechando el calor del invernadero, estos lo habían colonizado. Al principio los veía a menudo aunque fugazmente como si no quisieran ser descubiertos pero con el paso del tiempo se hicieron mas numerosos y mas descarados asegurando que había visto hasta cuatro a la vez. Una mañana soleada Gabino fue a trabajar al invernadero , al llegar  vió como  un lagarto verde tomaba el sol en la entrada, pero para su sorpresa no saliò corriendo como en otras ocasiones y aunque él se puso a hacer sus labores muy cerca, el lagarto siguió a lo suyo y de vez en cuando le miraba como si le conociera y confiára en él y no estuviera dispuesto a perder un sólo rayo de sol huyendo para nada... Un soleado día de primavera en el entorno rural de urdaibai dos amigos compartían el momento,  uno hacía sus labores  y  otro tomaba el sol...